¡Oh Horus!
¡Oh Horus!
¡Oh Horus!
Hijo de los dioses Osiris e Isis,
donde todos los egipcios te veneran por haberles enseñado cosas sagradas,
dando mensajes como aquellos que llegaron antes y después de ti.
Luchando contra los hombres con cabeza de cocodrilo,
y glorificando a los hombres con cabeza de león y fénix.
¡Oh Horus!
¡Oh Horus!
¡Oh Horus!
Tu gloria fue tal que incluso los griegos te llamaron su dios, bajo el nombre de Apolo.
Tan inmensa fue tu gloria que, al morir ellos, realizan rituales de protección en los que tú los proteges.
Tal es tu iluminación que, en el otro mundo, aquellos que tienen tu sello son guiados hacia la iluminación,
aunque son apartados de los demás por poseer tu distintivo.
Eres un gran digno de ser llamado Iluminado.
¡Oh Horus!
¡Oh Horus!
¡Oh Horus!
Con tu ojo, el mal se devora a sí mismo; las tinieblas se rasgan,
así mismas, por miedo a tu luz, que emana de tu ojo, el sol.
Oh, hijo de los dioses Osiris e Isis,
mas al ver a tu madre, la diosa Isis, llorar sobre el sarcófago de su hermano y amado Osiris;
mas al ver que el dios Seth tomaba el trono que le pertenecía a tu padre,
decidiste luchar contra él,
y así estalló la batalla de los dioses,
donde derrotaste a Seth, aunque este te extirpó un ojo,
donde uno representaba el sol y el otro la luna.
¡Oh Horus!
¡Oh Horus!
¡Oh Horus!
¡Mas te glorifico por ser uno de mis hermanos mayores!
Así llamamos a los sagrados iluminados,
que, como voz, están cerca del Todo.
Porque el universo es la mente del Todo,
porque nada está fuera del Todo:
Horus, Shiva, Buda, Jesús, Hermes, al que llamamos ¡el tres veces maestro!,
entre otros.
Guíanos hacia ellos, más allá de los hermanos mayores,
¡más cerca del Todo!

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