miércoles, 15 de septiembre de 2021

¡Eres muy vieja!



Eras muy vieja para ser la novia del agente más famoso de la historia. 


Eso le dijeron a la actriz Maggie Gyllenhaal cuando tenía 37 años. 


Entonces, ¿hay un límite de edad para desempeñar ciertos papeles? Siempre me he preguntado por qué no hay una versión nueva de Indiana Jones o una versión joven de Rambo. Sin embargo, existen muchas reinterpretaciones del mismo personaje en la misma historia, pero con una actriz más joven.


En la segunda entrega de Top Gun, el mismo actor (Cruise) regresa, pero no la misma actriz que hacía de su pareja. 


Es un eterno debate sobre el sexismo en el cine y en la música. La pregunta, si deseas ser actriz o cantante, parece ser: ¿tienes cara bonita y eres joven? ¡Perfecto! Pero, ¿qué pasa con el talento, la magia y esa chispa que te distingue? 


Es como si lo hubiesen “normalizado”. 


Hoy eres la protagonista, mañana vendrá otra y…


Al hacer eso, ¡insultan el arte! 


Hay una película llamada Sunset Boulevard (Crepúsculo de los dioses) donde un guionista llega por accidente a la casa de una actriz que fue gloria del cine mudo. Allí vive atrapada en sus recuerdos de fama, soñando con volver a lo que más ama: ¡el cine! 


En una escena clave, ella va a un estudio por la llamada de un director. Al verla, él no la reconoce, pero sí a los jóvenes actores que se acercan a ella. Sorprendido, el hombre llama a su equipo. Sin embargo, la gran actriz se acerca y le pregunta: "¿Cuándo comenzamos?" Él, al verla, baja el teléfono y, mirándola, solo sonríe. 


Después nos enteramos de que realmente necesitaba el coche que ella tenía, y no a ella. 


¿Cuántas grandes actrices y cantantes han "sufrido" por su edad? 


Luego observamos que muchas se vuelven adictas a las operaciones, tratando de dejar de "sufrir" por el paso del tiempo. 


Luchemos por que esto cambie. 


También hay hombres que se vuelven adictos al Botox y que sienten la presión de estar físicamente musculosos. En muchos casos, este tipo de problemas conduce a la depresión, al abuso de drogas y al alcoholismo, entre otros.

lunes, 3 de mayo de 2021

Yo....

 



**Yo, Claudio, o como me dicen otros: Claudio el idiota, el pobre tío Claudio, cla, cla, cla, o el tartamudo de Claudio. Pero para mí fuiste el gran emperador, el mejor de la casa Claudia Julia. El propio Julio, el gran mariscal romano, fue superado por su biznieto, que también fue nieto del gran Marco Antonio.** **Hijo del gran general romano Druso y hermano de aquel noble llamado Germánico. Aún escucho al ejército romano cantar himnos en tu honor y por tu gloria. No hablaré de esos rufiánes y “listos” que también eran de tu linaje. Más tú, gran emperador Claudio César (así te llamo y siempre te llamaré), debiste tener una gran frase, como esta: “¡El bien y la justicia están de mi lado!”** **Aún visualizo aquel momento en que Lidia reconoció que no eras como ella se refería a ti —“el idiota de Claudio”—. Pero en su agonía, se refirió a ti como lo que realmente eras: Claudio, el salvador de mi dinastía (seguro lo dijo por miedo al castigo eterno después de la muerte). Pero más yo digo.** **Cuando él mostró ese... ¿recuerdas? Aquel que se burlaba de ti, el que se declaró Júpiter, Venus o Saturno. Seguro los dioses se echarían unas buenas carcajadas con ese tipejo. Pero, ¿dónde estaba Claudio cuando Roma entró en caos después del asesinato de “Júpiter”? Escondido detrás de una cortina. Si no es por un centurión que te reconoció e intentó matarte... Pero uno dijo:** **—Espera, hombre, ¿no lo reconoces? Es el tío cojo del emperador, el hermano lisiado de Germánico... Pero como suele ocurrir, alguien simplemente dijo:** **—¿Por qué no lo nombramos emperador?** **Y todos gritaron con grandes voces:** **¡Salve, Claudio César! ¡Salve, Claudio César! Pero tú, amigo mío, entre los hombres, no parabas de gritar entre lágrimas tu verdad:** **—Yo, a, a, a, amo la República y no quiero ser emperador.** **Pero ellos, con cariño hacia ti, solo decían:** **¡Vaya, el emperador tiene un gran sentido del humor!** **Mientras te colocaban la corona, ésta se te cayó en el vientre, y vino a ti un recuerdo.** **—CLA, CLA, CLA. Tendrás lo que todos añoran, menos él. O creo yo recordar al cachorro que cayó en tus manos y alguien dijo:** **—Roma está en sus manos.** **Solo termino estas líneas con estas frases:** **—Salve, Claudio César, o para otros, el dios de Britania...** **Estas líneas son mi pequeño homenaje a la gran obra de Robert Graves. ¡Yo, Claudio!** **Espero, Robert, que disfrutes con mis amigos en el BAR “Mexico City”, en aquel puerto holandés.**

lunes, 19 de abril de 2021

Judas el que mas confiaba el Maestro.

¿Judas, con un beso traicionas al Hijo del Hombre?


La frase más célebre de la historia para hablar sobre el traidor, o mejor dicho, sobre aquel a quien más confiaba y a quien le confirió una misión tan grande y terrible.


Judas, antiguo discípulo del pavimentador, Juan el Bautista.


Se dice que su melancolía fue profunda tras la muerte de Juan, a causa de órdenes de Herodes.


La gente no dará crédito a que él amaba a María, madre del iluminado, como a una hermana mayor. Seguramente ella lloró mucho al enterarse de su suicidio.


La figura de Judas, el "traidor", fue utilizada para expandir el odio hacia los judíos en todo el mundo, con frases como: 


"Judío usurero, judío traidor, judío, tenías la culpa de todas las guerras."


Judas amaba al iluminado, pero la gente distorsionó la verdad a su merced y en su propio interés.


Él amaba a Jesús; este (Jesús) vio que solo a él podía encomendarle esa terrible misión en su camino hacia la iluminación. 


"Maestro, haremos una oración en tu honor."


Al comenzar la oración, Jesús soltó una gran carcajada y todos, mirándose unos a otros, no sabían qué decir.


Jesús les respondió:


"¿Cómo pueden adorar a ese Dios que han inventado los hombres?" (un fragmento del libro de Judas).


El reino de Dios está en ti. 


Y, en ocasiones, es más conveniente declarar "traidor" a aquel de quien podemos obtener ventaja a nuestro interés, aunque la injuria sea una mentira.




domingo, 24 de enero de 2021

Al iluminado Horus

 


¡Oh Horus!  

¡Oh Horus!  

¡Oh Horus!  


Hijo de los dioses Osiris e Isis,  

donde todos los egipcios te veneran por haberles enseñado cosas sagradas,  

dando mensajes como aquellos que llegaron antes y después de ti.  

Luchando contra los hombres con cabeza de cocodrilo,  

y glorificando a los hombres con cabeza de león y fénix.  


¡Oh Horus!  

¡Oh Horus!  

¡Oh Horus!  


Tu gloria fue tal que incluso los griegos te llamaron su dios, bajo el nombre de Apolo.  

Tan inmensa fue tu gloria que, al morir ellos, realizan rituales de protección en los que tú los proteges.  

Tal es tu iluminación que, en el otro mundo, aquellos que tienen tu sello son guiados hacia la iluminación,  

aunque son apartados de los demás por poseer tu distintivo.  

Eres un gran digno de ser llamado Iluminado.  


¡Oh Horus!  

¡Oh Horus!  

¡Oh Horus!  


Con tu ojo, el mal se devora a sí mismo; las tinieblas se rasgan,  

así mismas, por miedo a tu luz, que emana de tu ojo, el sol.  

Oh, hijo de los dioses Osiris e Isis,  

mas al ver a tu madre, la diosa Isis, llorar sobre el sarcófago de su hermano y amado Osiris;  

mas al ver que el dios Seth tomaba el trono que le pertenecía a tu padre,  

decidiste luchar contra él,  

y así estalló la batalla de los dioses,  

donde derrotaste a Seth, aunque este te extirpó un ojo,  

donde uno representaba el sol y el otro la luna.  


¡Oh Horus!  

¡Oh Horus!  

¡Oh Horus!  


¡Mas te glorifico por ser uno de mis hermanos mayores!  

Así llamamos a los sagrados iluminados,  

que, como voz, están cerca del Todo.  

Porque el universo es la mente del Todo,  

porque nada está fuera del Todo:  

Horus, Shiva, Buda, Jesús, Hermes, al que llamamos ¡el tres veces maestro!,  

entre otros.  


Guíanos hacia ellos, más allá de los hermanos mayores,  

¡más cerca del Todo!

viernes, 22 de enero de 2021

A las Mujercitas

Cómo olvidar esa Navidad, en la que cuatro hermosas "mujercitas" se quejaban por no recibir regalos materiales, deseando ser ricas para tener aquellos obsequios que, si bien seguro serían divertidos, no les ayudarían mucho en sus vidas.


—¡Pero cómo! —decía la señora March, su madre (que se parecía mucho a la suya).


—¡Pequeñas mías, vosotras sois ricas! Este año fue un gran regalo de la vida. Hacer memoria de todo el aprendizaje y de este gran don —decía la señora March mientras observaba a sus cuatro hijas.


Todas se miraban unas a otras, como si fueran un acertijo para una historia. Lo diría Jo, la nueva Shakespeare, o eso le decía aquel joven solitario que resultó ser un gran amigo, o como este servidor le llama: ¡un caballero!


—Pues tenéis un techo sobre vuestras cabezas, un plato de comida caliente tres veces al día, la protección y el amor incondicional de vuestra madre y vuestro señor padre, aunque él esté en el frente. No deja de pensar en sus "mujercitas" —les decía la señora March intentando resolver el “acertijo” que había entrado en ellas.


Las mujercitas se miraban entre sí.


Meg decía que en este año había aprendido muchas cosas:


A ver que el trabajo es bueno para la salud y que todo se hace con el mismo nivel; no podemos solo divertirnos o solo trabajar, porque al final sería un desastre… aprendí a cocinar mejor, a diferenciar la sal de el azúcar.


—¿Mamá, mis platos están más deliciosos ahora, ¿verdad? —preguntó Meg a la señora March.


La señora March exclama:


—La práctica te ha hecho una gran experta, hija mía.


La señora March sonrió al ver cómo su hija se había perfeccionado con la práctica y la perseverancia. Al no darse por vencida, logró que, al comienzo, poca gente comiera sus platos, que ahora eran los más pedidos de todo el pueblo. Su padre estaría orgulloso de ver cómo sus manos delicadas pasaron a ser manos callosas, fruto del esfuerzo y la perseverancia de su pequeña Meg.


Jo le decía con alegría que este año estaba consiguiendo dominar su ego y sus ataques de ira.


—Los mejores elogios que he recibido por mis escritos han sido de mi madre y de mi familia, cuando mis cuentos fueron publicados en el periódico.


En medio de la conversación, apareció “Teddy”, así llamaba de cariño Jo a Laurence.


—Yo tengo que agradecerte a ti, Jo, porque tú diste el primer paso al hacerme compañía, a un joven que solo veía el mundo pasar por su ventana. Pero como buena aventurera, entraste en esa gran casa y todo cambió. Gracias a ello, conocí a estas mujercitas que son mis amigas, a la señora March, a Hannah y a muchas personas más.


Jo soltó unas lágrimas al escuchar eso.


La señora March, al ver su emoción, recordó lo que le había dicho a Jo sobre las aventuras y la vida.


—Las mejores aventuras están afuera y no en un cuarto encerrado. Mi pequeña Jo hizo un acto tan hermoso al no dejarse llevar por el miedo y darle un abrazo a un joven; nunca viene mal. Poder controlar tus instintos es el camino a la adultez. Su padre al verla ya no vería a la niña de pelo largo y rabioso, más bien vería a una joven con pelo corto que comparte su felicidad con todos. Y gracias a ella, sacó a ese muchacho a la aventura que llamamos vida.


—¿Y yo, mamá? También este año he logrado ser muy fuerte —decía la pequeña Beth, jalando el vestido de la señora March.


La pequeña Beth, suspirando, dijo:


—¿Recuerdan que pasé una temporada en cama? Aún me cuesta ponerme en pie, pero lo estoy consiguiendo, más por ustedes, el piano y mi amigo, el caballero viejo —así le llamaba Beth al abuelo de Teddy, el señor Laurence.


De repente, “el caballero viejo” hizo su entrada, quitándose el sombrero como un gran hombre de honor. Cogió a Beth de las mejillas cariñosamente. Ella sabía que le recordaba a su pequeña nieta, ya con el buen señor en el cielo.


—¡Les traje un regalo! —decía el caballero viejo.


Todas se miraron entre ellas.


—¿Cuál regalo y por qué? —preguntó Beth.


El caballero viejo, poniendo a Beth sobre sus hombros, dijo:


—Por haberme brindado vuestra amistad a mí y a mi nieto, por hacerme entender que no es bueno la sobreprotección y por contar conmigo en los malos tiempos. Por compartir vuestra felicidad y por dejarme ver en ti a mi pequeña que ya mora con el buen señor.


Al decir esto, Beth le dio un beso desde los hombros de su amigo, ¡su fiel caballero viejo!


Pero de repente...


—¿Eh, y yo qué? Yo también quiero contar algo —decía la pequeña Amy, algo molesta y con toda la razón del mundo.


—Cuenta, cariño —decía la señora March a la pequeña Amy.


—Este año para mí ha sido más hermoso. He mejorado la costura y me he acercado más a Dios. Él hizo muchos milagros y es bueno. Más milagro fue sacarle una sonrisa a la vieja tía March.


Todos rieron y aplaudieron esas palabras pícaras de la pequeña Amy.


De repente, la puerta se abrió. Entraron dos hombres, uno demasiado abrigado y otro no tanto, y una voz de alegría dijo:


—¡John, es mi John!


Lo decía Meg, que dio un brinco para abrazar al joven muchacho, a “su John”.


—Vaya, hija mía. ¡Ya eres una mujer! Tengo que aceptar que ni aun poniéndote una maceta en la cabeza dejarás de crecer.


Lo decía una voz desde debajo de esos abrigos, pero al sacarse todo el abrigo de encima, las mujercitas gritaron al unísono:


—¡Papá, es papá!


—Vaya, mi regalo ha llegado —decía el caballero viejo con una sonrisa.


La señora March, entre lágrimas, dijo que era hora de cenar. Hannah ya lo tenía listo, y la tía March esperaba.


(Dejó libre albedrío a la imaginación del lector sobre lo que sucedió esa noche. Yo tengo la mía y quedé maravillado de tanta felicidad).


Louisa, espero que te lleves muy bien con mis "amigos" en el bar “Mexico City”, en ese puerto holandés.



 

lunes, 18 de enero de 2021

Y comieron perdices

 


Siempre fue una gran cuestión: ¿qué hay después de "Y comieron perdices"?


Un príncipe azul llega a su palacio enfadado, insultando e incluso golpeando a su amada princesa.


¿Pero el "juro amarla siempre"?


No lo niego, pero su ignorancia al creerse superior a ella podrá más que el "amarla para siempre". Ya no luchará contra dragones por su amada. Ahora ella ve que el príncipe azul es, en realidad, peor que el dragón.


Cuando pida ayuda a las mujeres del reino, le dirán, basándose en su experiencia de dolor o en lo que otras les "aconsejaron por su bien":


"Aguántalo, él es tu príncipe azul", o el descaro de "ya cambiará", aunque sea para mal, seguramente.


Como Min, la emperatriz, que vio en carne propia qué hay después de "comieron perdices". Eso no lo ponen en los cuentos de hadas, porque seguro los relatos no triunfarían y las niñas no desearían ser princesas.


Cito a Camus en su libro "La Caída": "Él mató a su mujer porque la envidiaba; la veía perfecta en todo".


Y usted me pregunta: "¿por qué no se divorció y punto?" Pues ese hombre, cuanto más la humillaba, más perfecta la veía; más mujeres tenía y más quería estar con ella. Hasta matarla. La gente solo le dijo "loco". Amigo mío, ese hombre no está loco; hay una diferencia entre un loco y un hombre.


Si eso significa ser un príncipe azul o un hombre...


¡Mejor un dragón o un loco quiero ser!