miércoles, 25 de noviembre de 2020

libre un mundo sin ideologías

**Libre**


Otto, ayer soñé con ir en tren; sí, el que no para aquí, el que va a Berlín, al Berlín libre, donde puedo expresar mis pensamientos sin rendir pleitesía al camarada supremo o a alguna ideología.


—Peter, seguro has bebido mucho. Venga, mañana hay guardia y nos toca custodiar el muro...


¿Dónde se metió Peter? Cuando me desperté, no estaba en su cama...


—¡Desertor, desertor! ¡Está pasando el alambre de púas, dispárale, Otto!


—¿Peter? ¿Qué haces ahí? ¡Vuelve, no seas tonto!


—Otto, quiero ver esa Berlín libre.


—Vamos, Peter, vuelve, por favor, perdóname por esto, Peter.


Otto disparó en la pierna de Peter, quien se enganchó al caer en el alambre de púas y logró ponerse de pie, erguido, y continuó.


—Peter, vuelve, déjalo, por favor.


Otto no paraba de respirar aceleradamente, sin saber qué hacer.


—¡Imbécil! ¿Por qué no matas a ese traidor? ¡Quítate!


Su comandante empujó a Otto y, con el arma de este, disparó a Peter.


—¿Qué pasa? ¿Son disparos? Seguro será otro que pretende escapar del "paraíso socialista", —respondieron dos hombres, indiferentes a lo que ocurría, más atentos a su partida de ajedrez.


—¡Pero hagan algo!


Lo decía una señorita, de alrededor de 20 años, con mucha desesperación e impotencia al ver que la gente prefería mirar hacia otro lado.


—¿Qué pasa aquí? ¡Eh, Richard, vuelve aquí!


El soldado se acercó a la señorita, quien le dijo que habían disparado a alguien. Sin pensarlo dos veces, él empezó a escalar el muro.


—¡Traidor!


El comandante supremo se percató del joven soldado.


—¡Llamar a todos! ¡Nos atacan, nos atacan!


Gritaba el comandante supremo.


—¡Baja de ahí, Richard!


—Pero, señor, ¡este joven está vivo! ¡Podemos salvarlo!


—¡Vamos, cerdo fascista, toca la "zona muerta"! ¡Vamos!


Le incitaba el comandante comunista.


—¡Que bajes!


—Tú, el del otro lado, podrías ahorrarte lo de "cerdo fascista".


—Escucha bien, Richard: si te dejo ayudar a ese muchacho, ellos te dispararán, y yo daré la orden a los chicos igual. Obviamente, habrá muchos heridos y muertos, y mis superiores me pedirán una explicación por haber ordenado el ataque. Entonces les diré que fue para ayudar a un joven, y ellos me responderán con voz prepotente: "¿POR QUÉ NO LE DEJASTE MORIR?"


Hijo, haz lo que yo hago siempre cuando pasa este tipo de situaciones: mirar hacia otro lado.


El soldado vio que no solo era su superior, sino que la gente común también miraba hacia otro lado.


—¡Por favor, ayuden a ese chico! ¡Estoy escuchándolo quejarse, por favor!


Le decía la joven berlinesa entre lágrimas. Pero al ver que hasta el joven soldado optaba por mirar hacia otro lado, empezó a sentir la misma impotencia que Otto al observar a Peter revolcarse mientras su comandante no paraba de gritarle: “¡Traidor!”


La voz de Peter se apagó en minutos. La última expresión de su rostro fue una sonrisa, seguramente soñando con una Alemania sin muros y democrática.


La joven berlinesa, al darse cuenta de que ya no se escuchaba la voz de Peter, comenzó a golpear el muro con sus manos, aunque estas empezaron a sangrar; sin embargo, el dolor no le importó, seguía golpeándolo y gritando: “¡Maldigo a todas las ideologías que han contaminado al ser humano!”


Días después, por presión internacional, recogieron el cuerpo de Peter. El encargado de hacerlo fue Otto. (Dedico esta historia a los amantes de la libertad y por una sociedad igualitaria).



viernes, 13 de noviembre de 2020

Amor Eterno

Escribiendo estas líneas sobre este papel, rogando a las estrellas que te las entreguen, les suplico que te abracen como si un ángel lo hiciera.

Mi amor por ti es eterno, sé que tú sientes lo mismo por mí, aunque no pueda tocarte ni pueda sentirte. Sé que estás a mi lado, como yo lo estoy contigo.

Rogaré a la lluvia para que no despliegue su furia y las estrellas sigan su camino. Estoy segura de que te verán en tu agonía y te darán el abrazo que les pedí. Que al leer estas líneas, sientas lo mismo que yo siento al escribirlas.


 

Mi amor por ti es eterno, aunque no pueda tocarte ni sentirte. Sé que estás a mi lado, así como yo lo estoy contigo.


Este amor eterno que te profeso se debe a que nuestros corazones ya son uno.


De mi historia, noticias del infierno. (Emma)

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Te Quiero


 ¡Te quiero!  
¿Qué significa eso? ¿Es un sentimiento o solo una palabra? Tanta gente lo dice sin sentirlo y, como se dice, “las palabras se las lleva el viento”. ¿Cómo se puede pronunciar un "te quiero" sin realmente sentirlo? Sin embargo, mi boca no pudo articular palabra alguna cuando tú me dijiste "te quiero". Esa expresión me llevó a tomar la decisión de escribirte esta carta. Siento lo mismo por ti, pero tengo miedo de que, efectivamente, "las palabras se las lleva el viento". Si mi boca no puede expresarte un "te quiero", que sea esta carta la que lo haga... Te quiero. (Perdona las lágrimas sobre el papel).


lunes, 2 de noviembre de 2020

la mano izquierda de Dios (salmos perdidos )


 

**Fragmento de "La mano izquierda de Dios (Salmos perdidos)"**


Despierta Lilith, lo dice Thomasin al empujar a Elena a una piscina llena de sangre.


De las aguas resurge, con su gran melena roja, Lilith, como si despertara de un gran sueño. 


Lilith se percata de algo y ve a Thomasin hincarse ante ella. 


—Mi señora Lilith, es un gran honor volver a veros —dice.


Lilith no la reconoce hasta que observa sus ojos.


—La de los ojos raros —murmura.


Lilith recuerda la noche en que se conocieron. Había cantos, mujeres desnudas danzando alrededor de una fogata; un macho cabrío como guía y una mujer como sacrificio. Una clava una daga en el pecho de la sacrificada. Lilith fue invocada, pero su sed de sangre pudo más que ella. Mató primero al macho cabrío y, con sus cuernos, comenzó a asesinar a las mujeres danzantes. Fue entonces cuando llegó a una de ellas a quien le encajó los cuernos del macho cabrío. Pero mientras reía, Lilith vio el rostro de esa mujer y se quedó impresionada por sus ojos.


—Tus ojos son raros, pero hermosos —susurró.


Al verla caer, agonizando, Lilith decidió que no debía morir. Se sacó la daga que tenía clavada en el pecho y, con ella, se cortó la vena izquierda, haciéndole beber su sangre.


—Ahora serás una de las cuatro reinas sangrientas, mi chica de los ojos raros —afirmó.


Thomasin sonríe y dice:


—Ese día, mi señora, volví a nacer gracias a vos. 


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Juana la loca

Juana ve sin ver nada. Piensa, con una risa paranoica, que Felipe duerme y que pronto se despertará para decirle “Loca”, su palabra favorita para insultarla. Ella lo amó tanto que decidió declararse loca por él. Su amor era tan fuerte que la cegó, como aquel día en que su madre, Isabel de Castilla, falleció y su padre, Fernando, lloraba sobre el cuerpo de su amada. En lugar de lamentar la muerte de la reina madre, ella corrió a buscar a su amado Felipe para darle la noticia de que eran reyes. Su rostro, lleno de alegría y sonrisas, se desvaneció al verlo en brazos de otra. Su entusiasmo se esfumó, así como el amor de Felipe por ella cuando nacía Leonor: “Yo quería un hombre”, decía él; “Yo quería tu amor”, contestaba ella. Felipe le gritó “loca” en esa conversación, su insulto favorito.


Juana es llamada por su padre: “Mi hija es sagrada para mí y para Isabel”. Entre lágrimas, corre bajo la lluvia, grita y sonríe. La loca no sabe que es la realidad. Él no me engaña, mi madre no está muerta y estoy en Flandes, con esos bonitos vestidos coloridos que en Castilla jamás podría utilizar. Bailaré con él, Felipe me ama, él me amará solo a mí… ¡si me declaro loca!


Juana pronuncia esas palabras en forma de rima. Toma la mano del hermoso y le dice: “Felipe, despiértate, que tu Juana la loca te espera. Quiere ser tuya, tu puta, tu amada, tu hembra, la madre de tus hijos, tu loca. Despierta, que todo son paranoias de Juana la loca y son locuras mías”.


Al ver que Felipe no responde, comienza a gritar entre lágrimas y risas, moviendo la cabeza en señal de negación: “Estoy loca, estoy loca, estoy loca…”