lunes, 14 de diciembre de 2020

Insecto

 Insecto


El ser humano, por naturaleza, es sociable. El no ser sociable no es normal. Pero yo pregunto: ¿qué es normal y qué no? En "La metamorfosis" de Kafka, se centra en la historia de un joven que amanece siendo un insecto. ¿Entonces ese joven ya no es normal? Sin embargo, sigue teniendo padres, sigue recordando, sigue sintiendo hambre, sigue viviendo. Pero ya no es como los estereotipos que la sociedad nos enseña. ¿Qué mujer querrá estar con él? ¡Es un insecto! Ya no es un hombre, ya no es normal.


No obstante, este es el principio de su cambio, donde él empieza a conocerse a sí mismo, donde encuentra el entendimiento de su propia esencia. Se vuelve sociable consigo mismo, reconociendo sus pros y contras, sus odios y amores, que podrá canalizar en uno solo. Al llegar a ese punto, entenderá que el cuerpo es solo una envoltura y que su verdadero ser es más que esa masa de huesos.


Comprenderá varias leyes, entre ellas "la ley de la compensación", que aplica tanto a normales como a no normales. Los cerdos son muy poco alegres porque poco sufren. Aquél que diga "mi vida siempre fue feliz" te miente; seguramente hubo un momento en que sufrió, pero la ley de la compensación le atribuye esas alegrías. A su vez, esta ley le otorga tristeza o dolor, ya sea interno o externo. Algunas personas llaman a esta ley justicia divina, castigo, karma o "el que la hace la paga". En la Biblia hay una cita que dice: “el que siembra vientos, cosecha tempestades” y otra que dice: “el que con lágrimas siembra, cosecha con regocijo”. Cito esto porque él entenderá que es parte de su cambio, de pasar por esta ley, como la bipolaridad o el neutralismo.


Reconocerá que los polos siempre van de la mano, que el conocimiento es la clave para el cambio. Pero, como un niño cuando le quitan el pecho, pedirá más, porque así es el conocimiento. Aunque sabemos que 2 + 2 es 4, preferimos guardar silencio, porque el silencio es la mejor respuesta, a pesar de que le griten y sus miradas de ignorancia y risas sin sentido le digan: "2 + 2 es 5, torpe o raro". Si llega a pronunciar una palabra, será: "Yo solo sé que no sé nada" o "solo los imbéciles dicen que lo saben todo" o "el ser que consiga dominar sus sentidos dominará el universo".


Al llegar a este punto, él seguirá sin entender qué es normal y qué no. Comprenderá que la vida en sí es un aprendizaje. Pero muchos seguirán viéndolo como "raro o defectuoso, feo o un insecto que hay que aplastar, como lo hicieron con los anteriores". Sin embargo, con sus ojos mirando a las estrellas y cuidando dónde coloca el pie, avanzará hacia su metamorfosis o transmutación, reconociendo que es un proceso lento, pero continuo.


lunes, 7 de diciembre de 2020

Para Beth

 Para: Elizabeth (Beth) Harmon  


Te gritaban: “eres la niña más fea de la historia, tu nariz es fea, tu cara es fea, tu piel parece lija, eres una zorra, eres basura blanca”. Con silencio afirmabas, reconociendo tu respuesta, que era la misma que yo ofrecía al mundo cuando me insultaban.  


Sin embargo, en medio de las lágrimas y los demonios que habitaban en tu mente, necesitabas algo para escapar de tu “verdad”. Un tablero, con sus dieciséis piezas, se convertía en tu mejor aliado contra “las razones” del mundo. Era un lugar donde podías mover tus piezas, donde podías transformar tu realidad, y los demonios se sometían a tu merced según el desarrollo del juego. ¡“La piel de lija” se sentía a gusto! ¡Valiosa!  


Un genio en el que la gente no miraba ni insultaba a “la basura blanca”, sino que glorificaba a una chica que superaba a los mejores. Tus demonios, que te incitaban a recurrir a “pastillas mágicas” y al alcohol, no lograban detenerte. Aun en medio del caos y del placer que todo eso proporcionaba, tu mente seguía buscando más movimientos, nuevas jugadas. Tu mente continuaba jugando al ajedrez, queriendo escapar de ti.  


El mundo se rindió ante “la niña más fea de la historia”, donde jóvenes y no tan jóvenes te pedían autógrafos o se declaraban tus admiradores, asegurando amarte aun con “nariz y cara feas”.  


Pero la mejor jugada y la gloria que le otorgo a la “zorra” es cuando se reconcilió consigo misma. Sé que no es fácil, y no es solo cuestión de decirse “te amo” todos los días; no todo cambia de inmediato. Es un proceso de altibajos, en el que habrá días que parecerán el fin, pero no siempre llueve eternamente. Un abrazo nunca viene mal, y es el momento en que Beth dice: “me llamo Beth y soy un ser humano”.  


Posdata: lo sé, cariño, a veces los mejores amigos o los peores enemigos son nuestros demonios internos, porque nos conocen mejor que las personas reales.