**Yo, Claudio, o como me dicen otros: Claudio el idiota, el pobre tío Claudio, cla, cla, cla, o el tartamudo de Claudio. Pero para mí fuiste el gran emperador, el mejor de la casa Claudia Julia. El propio Julio, el gran mariscal romano, fue superado por su biznieto, que también fue nieto del gran Marco Antonio.**
**Hijo del gran general romano Druso y hermano de aquel noble llamado Germánico. Aún escucho al ejército romano cantar himnos en tu honor y por tu gloria. No hablaré de esos rufiánes y “listos” que también eran de tu linaje. Más tú, gran emperador Claudio César (así te llamo y siempre te llamaré), debiste tener una gran frase, como esta: “¡El bien y la justicia están de mi lado!”**
**Aún visualizo aquel momento en que Lidia reconoció que no eras como ella se refería a ti —“el idiota de Claudio”—. Pero en su agonía, se refirió a ti como lo que realmente eras: Claudio, el salvador de mi dinastía (seguro lo dijo por miedo al castigo eterno después de la muerte). Pero más yo digo.**
**Cuando él mostró ese... ¿recuerdas? Aquel que se burlaba de ti, el que se declaró Júpiter, Venus o Saturno. Seguro los dioses se echarían unas buenas carcajadas con ese tipejo. Pero, ¿dónde estaba Claudio cuando Roma entró en caos después del asesinato de “Júpiter”? Escondido detrás de una cortina. Si no es por un centurión que te reconoció e intentó matarte... Pero uno dijo:**
**—Espera, hombre, ¿no lo reconoces? Es el tío cojo del emperador, el hermano lisiado de Germánico... Pero como suele ocurrir, alguien simplemente dijo:**
**—¿Por qué no lo nombramos emperador?**
**Y todos gritaron con grandes voces:**
**¡Salve, Claudio César! ¡Salve, Claudio César! Pero tú, amigo mío, entre los hombres, no parabas de gritar entre lágrimas tu verdad:**
**—Yo, a, a, a, amo la República y no quiero ser emperador.**
**Pero ellos, con cariño hacia ti, solo decían:**
**¡Vaya, el emperador tiene un gran sentido del humor!**
**Mientras te colocaban la corona, ésta se te cayó en el vientre, y vino a ti un recuerdo.**
**—CLA, CLA, CLA. Tendrás lo que todos añoran, menos él. O creo yo recordar al cachorro que cayó en tus manos y alguien dijo:**
**—Roma está en sus manos.**
**Solo termino estas líneas con estas frases:**
**—Salve, Claudio César, o para otros, el dios de Britania...**
**Estas líneas son mi pequeño homenaje a la gran obra de Robert Graves. ¡Yo, Claudio!**
**Espero, Robert, que disfrutes con mis amigos en el BAR “Mexico City”, en aquel puerto holandés.**

