**Fragmento de "La mano izquierda de Dios (Salmos perdidos)"**
Despierta Lilith, lo dice Thomasin al empujar a Elena a una piscina llena de sangre.
De las aguas resurge, con su gran melena roja, Lilith, como si despertara de un gran sueño.
Lilith se percata de algo y ve a Thomasin hincarse ante ella.
—Mi señora Lilith, es un gran honor volver a veros —dice.
Lilith no la reconoce hasta que observa sus ojos.
—La de los ojos raros —murmura.
Lilith recuerda la noche en que se conocieron. Había cantos, mujeres desnudas danzando alrededor de una fogata; un macho cabrío como guía y una mujer como sacrificio. Una clava una daga en el pecho de la sacrificada. Lilith fue invocada, pero su sed de sangre pudo más que ella. Mató primero al macho cabrío y, con sus cuernos, comenzó a asesinar a las mujeres danzantes. Fue entonces cuando llegó a una de ellas a quien le encajó los cuernos del macho cabrío. Pero mientras reía, Lilith vio el rostro de esa mujer y se quedó impresionada por sus ojos.
—Tus ojos son raros, pero hermosos —susurró.
Al verla caer, agonizando, Lilith decidió que no debía morir. Se sacó la daga que tenía clavada en el pecho y, con ella, se cortó la vena izquierda, haciéndole beber su sangre.
—Ahora serás una de las cuatro reinas sangrientas, mi chica de los ojos raros —afirmó.
Thomasin sonríe y dice:
—Ese día, mi señora, volví a nacer gracias a vos.
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