**El origen de Sor Juana Inés de la Cruz**
Juana Inés siempre se preguntaba algo: ¿por qué su madre y sus hermanas no podían entrar en el cuarto especial del abuelo?
—Madre, ¿por qué no puedo entrar en el cuarto especial del abuelo? —inquirió.
—Hija, eres muy niña para saberlo. Para ti será muy aburrido; está lleno de libros. Mejor piensa como tus hermanas, que ya les hace falta un marido —respondió su madre.
—¿Sólo tienen 15 años y yo 10, madre? ¿Es realmente necesario el matrimonio? —replicó Juana Inés, con curiosidad.
—Hija, ven conmigo a tejer. Tanto preguntar te fundirá el cerebro, cuando son tonterías —le dijo su madre con desdén.
Juana Inés decidió entrar en el "cuarto especial del abuelo". Allí encontró varios libros y, al leerlos, se adentró en cada mundo que un libro podía ofrecer. Sintió las lágrimas de Don Quijote al llorar por la pérdida de sus libros, añoró el amor y la tristeza de Melibea y Calisto, y se asombró al ver que una mujer llamada Lidia dominaba un imperio. Aunque Augusto gobernaba Roma, Lidia dominaba a Augusto. Sin embargo, cuando llegó a la historia de la bibliotecaria Hipatia de Alejandría, y se encontró con su trágico final, lloró y tomó una decisión.
—Madre, quiero casarme... —anunció Juana Inés con determinación.
—¿Con quién, hija? —preguntó su madre, intrigada.
—Con los libros —respondió sin dudar.
—Niña tonta, eso no se puede. Es como si te metieras de monja y te casaras con Cristo —comentó su madre, riendo despectivamente.
—Entonces me haré monja —declaró Juana Inés, con el fervor que la caracterizaba—. Leeré todos los libros y seré como una bibliotecaria en el convento. Seré una locura que lucha contra el gigante llamado patriarcado, y dominaré mi vida, no un hombre. No acabaré como una vieja que engaña a las personas. ¡Seré Sor Juana Inés de la Cruz desde ahora y para siempre!
Así, su espíritu indomable comenzó a forjarse, y entre libros que guardaban el conocimiento del mundo, Juana Inés encontró su verdadera vocación.

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